El Final de la Era de la Iglesia, ... y Después
Es un asunto muy serio dejar una congregación
aparentemente fiel. A pesar de todo lo que hasta aquí hemos aprendido
concerniente a la orden de marcharse de la iglesia, ¿estamos absolutamente
seguros de que tenemos que marcharnos de la iglesia? Enfrentemos esta pregunta
una vez más al continuar con nuestro estudio.
Si todavía podemos hallar o todavía somos parte de una
iglesia que es razonablemente fiel a la Biblia, ¿deberíamos permanecer en
ella? ¿Qué tenemos que hacer si pudiéramos encontrar una iglesia donde nos
parece que todas y cada una de las doctrinas que sostienen y enseñan son fieles
a la Palabra de Dios?
Al considerar estas preguntas, examinemos una vez más
los mandatos de Dios al antiguo Israel cuando Babilonia había destruido a
Jerusalén. En Jeremías 29, Dios dio órdenes expresas de que nadie debía
permanecer en Jerusalén. En los versículos 16-19, leemos:
Pero así ha dicho Jehová acerca del rey que está sentado sobre el trono de David, y de todo el pueblo que mora en esta ciudad, de vuestros hermanos que no salieron con vosotros en cautiverio; así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí envío yo contra ellos espada, hambre y pestilencia, y los pondré como los higos malos, que de tan malos no se pueden comer. Los perseguiré con espada, con hambre y con pestilencia, y los daré por escarnio a todos los reinos de la tierra, por maldición y por espanto, y por burla y por afrenta para todas las naciones entre las cuales los he arrojado; por cuanto no oyeron mis palabras, dice Jehová, que les envié por mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar; y no habéis escuchado, dice Jehová.
Este pasaje evidentemente declara que
el juicio de Dios está sobre todos aquellos que se negaron a ir como cautivos a
Babilonia.
La verdad es que algunos se quedaron y sus líderes
fueron asesinados. Enseguida de esto, el remanente se fue a Egipto donde
quedaron bajo el juicio de Dios.
En otras palabras, era el plan de Dios que ninguno debía
permanecer en
Jerusalén. La única manera como podían quedar bajo la bendición de Dios era
quedar como cautivos bajo el cuidado de Babilonia la cual representa el reino
completo de Satanás. Pero Dios los vigilaría utilizando a Babilonia para
darles protección. Ellos no podrían recibir ayuda o guía de Jerusalén.
Significativamente, Dios declara en Lucas 21:20-22:
Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.
Por favor fíjese que Dios no está
diciendo que cuando nosotros experimentemos a Jerusalén rodeada de ejércitos.
En vez de eso, está diciendo que cuando veamos a Jerusalén rodeada de ejércitos.
Jerusalén o Judea representan a todas las iglesias y denominaciones del Nuevo
Testamento. Cuando veamos, como estamos viendo, el ataque masivo de Satanás
sobre las iglesias en todo el mundo tenemos que salir de ellas.
Este es el lenguaje que se identifica con la Gran
Tribulación. En este lenguaje Dios está ordenando la misma cosa que ordenó a
Jerusalén en Jeremías 29: Salir de Jerusalén (la iglesia).
Ya no tenemos que estar bajo el gobierno espiritual de
la iglesia.
Este mandato es dado porque Dios ha terminado con la era
de las iglesias siendo usadas por Dios para evangelizar.
Tenemos que huir a las montañas así como se le mandó
a Lot huir a las montañas cuando Dios estaba listo para traer juicio sobre
Sodoma (Génesis 19:17). La montaña o montañas son una referencia a Dios como
nuestro ayudador (Salmo 121:1, Salmo 125:1).
Significativamente, en Apocalipsis 11, donde Dios habla
de la obra de la iglesia siendo terminada, El se refiere a Jerusalén (las
iglesias) como Sodoma y Egipto (Apocalipsis 11:8).
De modo significativo también, al tratar con el asunto
de la gran tribulación, El dice en Lucas 17:32: Acordaos de la mujer de Lot.
Ella rechazó huir y acabó bajo juicio. Aquellos que intentaron quedarse en
Jerusalén en el año 587 A.C. cayeron bajo el juicio de Dios. Recuerde que
vimos esta advertencia en Jeremías 29:16-19.
El mensaje tiene que ser claro. Tenemos que arrancarnos
de la iglesia.
En el contexto de “Acordaos de la mujer de Lot”,
Dios declara en Lucas 17:31:
En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.
La azotea es identificada con la proclamación del Evangelio. En Lucas 12:3, leemos:
Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas.
La casa se identifica con la iglesia.
Pero al venir el juicio sobre la iglesia el verdadero creyente debe permanecer
afuera de la iglesia proclamando el Evangelio al mundo.
Dios habla referente a esta triste situación en el
lenguaje de Isaías 3:6-8:
Cuando alguno tomare de la mano a su hermano, de la familia de su padre, y le dijere: Tú tienes vestido, tú serás nuestro príncipe, y toma en tus manos esta ruina; él jurará aquel día, diciendo: No tomaré ese cuidado; porque en mi casa ni hay pan, ni qué vestir; no me hagáis príncipe del pueblo. Pues arruinada está Jerusalén, y Judá ha caído; porque la lengua de ellos y sus obras han sido contra Jehová para irritar los ojos de su majestad.
Debido a que la era de la iglesia ha
llegado a su final las iglesias han quedado muertas al igual que la iglesia de
Sardis hace tiempo quedó muerta (Apocalipsis 3:1). A las iglesias de hoy se les
ha quitado su candelero así como a la iglesia de Éfeso de Apocalipsis 2 se le
advirtió que Dios quitaría su candelero si no volvía a su primer amor. La
iglesia local ha cesado de ser una institución u organismo divino para servir a
Dios como Su representante designado en la tierra.
No es de extrañar que sea casi imposible encontrar una
iglesia hoy que modifique sus Confesiones o Credos para hacerlos más fieles a
la Biblia.
Recuerde que la Biblia dice que es Dios
quien obra en nosotros el querer como el hacer por su buena voluntad. Por tanto,
si una iglesia ya no tiene un candelero significa que Dios no está obrando en
esa iglesia. Los ancianos y diáconos están siendo guiados por sus propias
mentes y no por el Espíritu Santo.
En Lucas 21:5 y 6, la Biblia dice:
Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida.
Tal como aprendimos anteriormente en
nuestro estudio, esos edificios del templo representan a las iglesias y
congregaciones que Dios edificaría a través de todo el tiempo del Nuevo
Testamento. Quienes vinieron a este templo espiritual son oro, plata, y piedras
preciosas, y madera, heno, y hojarasca (I Corintios 3:12). Es decir, son los
verdaderos creyentes y aquellos que parecen ser verdaderos creyentes pero que
realmente no lo son. De esta manera, cada congregación es parte integral de ese
gran templo.
Pero Jesús declara que habrá un tiempo cuando no
quedará piedra sobre piedra. Es decir, el templo será totalmente destruido. No
existirá ya más.
Pero suponga que una congregación cree que puede quitar
todos sus lugares altos. Procurará ser tan fiel a la Biblia como sea posible.
Entonces estará insistiendo en que todavía es una pequeña parte del templo
que aún existe. Pero Cristo dijo, “no quedará piedra sobre piedra”. Así
que, esta congregación en realidad está diciendo que ella es más santa que
Dios. Esa congregación debería darse cuenta de que ninguna iglesia
puede ser ya parte del templo.
Alguien podría argumentar diciendo que Dios los salvará si son elegidos. Es cierto, pero el plan electivo de Dios atañe sólo a Dios. Nosotros tenemos que ser obedientes a los mandamientos de Dios. Nunca debemos establecer nuestras propias reglas. Tenemos que ser obedientes a los mandatos de Dios. El nos dice que el Espíritu Santo ha sido quitado del templo y que tenemos que salir de él. Por lo tanto, si tenemos preocupación por la salvación de nuestros hijos, tendremos que obedecer la orden de Dios de huir del templo. Sorprendentemente, todavía hoy es el día de salvación, pero es Dios quien establece el plan mediante el cual obrará para salvar.
Recuerde lo que leemos en Amós 8, que vendría un tiempo de hambre de oír la Palabra de Dios. Por eso, aunque la Palabra de Dios se predique fielmente, si Dios no da oídos espirituales a los oyentes de esa Palabra, ellos no pueden ser salvos.
Si los creyentes verdaderos están oyendo
sermones fieles en sus iglesias, ¿podemos verdaderamente creer que están
siendo bendecidos? ¿No está ese pastor en rebelión contra Dios debido a que
rehusa instruir a su gente a que deben salir de la iglesia? ¿Cómo puede su
predicación tener aún la bendición de Dios?
Esta verdad solemne merece repetirse. Cualquier niño o
adulto que no es salvo no puede salvarse si Dios no abre sus oídos
espirituales. En esa iglesia habrá hambre de oír la Palabra de Dios.
Igualmente, el misionero que es enviado por esa iglesia no verá frutos
verdaderos de sus labores. No importa cuán fiel sea su predicación, habrá
hambre de oír la Palabra de Dios.
Ahora podemos entender por qué Dios nos ordena salir de
Jerusalén. Es por nuestra propia seguridad espiritual y el bienestar espiritual
de nuestros hijos que tenemos que salir.
Significativamente, aprendemos la misma lección en
Hechos 28. En este capítulo, Pablo es un cuadro de todos aquellos que han sido
echados de sus iglesias y congregaciones. En este capítulo, al igual que en los
capítulos 22 - 27 del libro de Hechos, las iglesias y congregaciones están
simbolizadas por los Judíos que no quieren oír todo el consejo de Dios. Hubo
una iglesia Nuevo Testamentaria en Roma en el tiempo que Pablo estuvo allí y
sus miembros tenían pleno conocimiento de Pablo. Pero en Hechos 28 la iglesia
no se menciona para nada. Esto es así porque espiritualmente, Dios está usando
esa ocasión como un retrato del tiempo del período de la Gran Tribulación
cuando la era de la iglesia ha terminado.
En Hechos 28:23 leemos que Pablo predicó desde la mañana
hasta la tarde la Palabra de Dios. Y ningún predicador tuvo un mejor
conocimiento de todo el consejo de Dios que Pablo, quien era el escriba a quien
Dios usó para darnos tanto de los libros del Nuevo Testamento.
Aún así con toda esta fiel predicación, ¿cuál fue
el resultado? Mientras algunos creyeron (literalmente fueron convencidos, v.
24), los Judíos que le
oyeron no estaban de acuerdo entre sí (v. 25), y tuvieron gran discusión
(v.29). Es decir, no aceptaron las enseñanzas que estuvieron oyendo como
Palabra de Dios que debía de ser obedecida implícitamente. En vez de eso,
estaban probando lo que oyeron con su propio razonamiento humano. En otras
palabras, estaban constituyendo a sus propias mentes como la autoridad final.
Dicho de otro modo, Dios no había abierto los oídos espirituales de ellos.
Que esto es así lo indica Hechos 28, versículos 25 al 27, que declara:
Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: Ve a este pueblo, y diles: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis; Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyeron pesadamente, Y sus ojos han cerrado, Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y entiendan de corazón, Y se conviertan, Y yo los sane.
Este principio, que durante la Gran Tribulación Dios puede dar órdenes que serán claramente declaradas pero que no serán oídas porque Dios no da los oídos espirituales, está ilustrada en el tiempo de la destrucción de Jerusalén en el año 587 A.C. En ese tiempo, Dios había ordenado a todos aquellos que quedaron vivos en Jerusalén ir cautivos a Babilonia. Jeremías 38:2 registra:
Así ha dicho Jehová: El que se quedare en esta ciudad morirá a espada, o de hambre, o de pestilencia; mas el que se pasare a los caldeos vivirá, pues su vida le será por botín, y vivirá.
Sin embargo, Babilonia permitió a algunos de los pobres de la tierra permanecer en la tierra de Judá (Jeremías 39:10). Pero luego un número de ellos fueron matados, así como Dios les había advertido que esto pasaría si no se iban a Babilonia como cautivos. Entonces quienes todavía quedaron
vivos vinieron a Jeremías pidiéndole que preguntara a Dios lo que debían hacer. El contexto muestra que ellos no querían ir cautivos a Babilonia. O bien ellos querían quedarse en Judá o se querían ir a Egipto por seguridad. Consideremos Hechos 28 otra vez con más
detalle. Hechos 28 tiene mucho que enseñarnos en conexión con este problema
del hambre o escasez profunda de oír la Palabra de Dios. Hemos aprendido
que los Judíos quienes representan las iglesias y las congregaciones no tienen
oídos espirituales para oír.
Por otro lado, leemos en Hechos 28 de Pablo predicando
libremente a los Gentiles. Eso debe entenderse como indicando que, a pesar de
que Cristo ya no está usando a las iglesias para traer a los escogidos, El
todavía continúa salvando en todo el mundo. Pero esto se lleva a cabo de
manera tal que Dios ya no está usando la iglesia corporal externa para llevar
la Palabra. El todavía está usando a los creyentes, pero estos creyentes ya no
forman parte de la iglesia corporal externa.
Debemos recordar que en tanto que la iglesia corporal,
visible, externa, está bajo el juicio de Dios, la iglesia invisible y eterna,
de la cual cada verdadero creyente forma parte, no puede ser dañada de ninguna
manera. Esta continúa hasta el fin del mundo y continúa hasta la eternidad. El
creyente verdadero no puede perder su salvación jamás. Las puertas del
infierno no pueden prevalecer jamás contra la iglesia invisible y eterna.
Cuando examinamos más de cerca Hechos 28, podemos ver
el riesgo de argumentar contra Dios. En este pasaje, Dios nos da una ilustración
vívida del riesgo de discutir con El cuando Su mandamiento no parece ser
razonable o lógico. Esto es tan serio que merece atención especial. En Hechos
28, Dios registra un encuentro entre Pablo y cierto número de Judíos que
deseaban saber acerca de la teología que Pablo estaba predicando. Pero quienes
Pero querríamos oír de ti lo que piensas; porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella.
Este versículo inmediatamente parece
indicar su prejuicio contra esta nueva enseñanza.
Sin embargo, Pablo, el teólogo más excelente,
disponible en esa época, les enseñó desde la mañana hasta la tarde. Al
final, algunos estaban comenzando a creer (Griego: “estaban siendo
persuadidos”), pero el resto estaban discutiendo entre ellos mismos si esto
era cierto. El versículo 25 registra:
Luego Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, declaró en los versículos 25 y 26:Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres.
... Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: Ve a este pueblo, y diles: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis.
Dios estaba diciendo por medio de Pablo que no les iba a dar a estos hombres ningún entendimiento espiritual. ¿Cuál era el problema? El problema era que ellos estaban aplicando sus propias mentes a los mandatos de Dios para determinar si éstos eran razonables y lógicos. El versículo 29 enfatiza esto:
Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí.
Para determinar si estas cosas eran así,
una cosa es escudriñar las Escrituras así como lo hicieron los Bereanos. Eso
es lo que debería hacerse. Pero es completamente otra cosa escudriñar nuestras
mentes e intelectos para descubrir si este mandato de Dios es racional. ¿Es
razonable? ¿Tiene sentido? ¿Cómo puede Dios decirle a los creyentes que
abandonen una iglesia que aún parece ser fiel a la Palabra de Dios? ¿Acaso un
mandato de dejar la iglesia no nos coloca en una posición donde ya no habrá
alguien que tenga vigilancia espiritual sobre mí y mi familia? ¿Quiere decir
usted que ya no puedo más participar de la Cena del Señor? ¿Está usted
diciendo que mis hijos ya no pueden ser bautizados? Este mandamiento de
abandonar la congregación no es razonable, ni lógico. ¿Podemos estar seguros
de que el tiempo de dejar nuestra congregación ha llegado ya? ¿En realidad nos
ha dado Dios suficiente evidencia de que estamos ya en un tiempo de gran
tribulación mientras al mismo tiempo la evangelización del mundo continúa
fuera de la iglesia?
Estas son las clases de preguntas que tenemos si
hallamos en nuestras mentes que es desagradable considerar el marcharse de la
iglesia corporal externa. Sentimos repulsión de esta idea y queremos
desesperadamente hallar evidencia en la Biblia de que no necesitamos dejar
nuestra iglesia.
¡Cuidado! Los mandatos de Dios no están
sujetos en ninguna manera a la racionalidad de nuestras mentes. Si los sujetamos
a nuestras mentes, Dios cerrará nuestras mentes a la verdad. Podemos tener la
reputación de ser los teólogos más refinados, pero si Dios no nos da oídos
espirituales para oír, nunca llegaremos a la verdad.
Por cierto, cuando Satanás se introdujo al Jardín del
Edén para tentar a Eva, ¿recuerda su método? Primero, la pregunta: ¿Conque
Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? (Génesis 3:1).
Luego, la mentira. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis (Génesis
3:4). Tenemos que escudriñar la Biblia para entender, pero nunca debemos
intentar refutarla.
Hay quienes desean mantener que la frase “hasta que El venga”, tal como la encontramos en cierto número de versículos del Nuevo Testamento, comprueba que la iglesia corporal externa debe continuar hasta el fin del mundo. Por ejemplo, leemos concerniente a la Cena del Señor, en I Corintios 11:26:
Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
Cuando Dios usa la frase “hasta que
El venga”, a primera vista parece que fuera la intención de Dios que esta
ordenanza tenía que ser practicada hasta el regreso de Cristo al final del
tiempo. Sin embargo, tenemos que examinar esta cuestión más cuidadosamente.
Para entender este concepto, tenemos que mirar el
Antiguo Testamento donde Dios registra situaciones paralelas. Por ejemplo, en
Levítico 6:12, 13, Dios ordena:
Y el fuego encendido sobre el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodará el holocausto sobre él, y quemará sobre él las grosuras de los sacrificios de paz. El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará.
Esto es similar a muchos otros
mandatos del Antiguo Testamento en los cuales Dios esperaba que los sacrificios
diarios y las lámparas encendidas nunca debían cesar. Es decir, tenían que
continuar hasta que Cristo viniera como el cumplimiento de todas estas leyes
ceremoniales.
Sin embargo, hubo un tiempo cuando Israel no pudo
obedecer ninguno de estos mandatos. Llegó un tiempo cuando cesaron de practicar
cada uno de ellos. Pero su violación no ocurrió porque ellos querían dejar de
obedecer
Igualmente, los mandatos del Nuevo Testamento que tenían que
ver con las leyes ceremoniales del bautismo en agua y la Cena del Señor, los
cuales debían ser obedecidos dentro de las iglesias y congregaciones hasta que
El venga, ya no pueden ser obedecidos porque Dios ha traído juicio sobre la
institución de la iglesia. Así, Dios realmente ha terminado con la posibilidad
de la práctica de las leyes ceremoniales del Nuevo Testamento del bautismo en
agua y de la Cena del Señor.
Al reunirse los creyentes como una fraternidad, las
leyes ceremoniales del bautismo en agua y la Cena del Señor no pueden ser
practicadas porque no hay nadie en la fraternidad a quien se le haya dado la
supervisión espiritual de los que se reúnen. Durante la era de la Iglesia, los
ancianos y diáconos tuvieron esta supervisión espiritual. Pero en la
fraternidad de creyentes, nadie está designado por la Biblia para tener la
supervisión espiritual. Por consiguiente, las leyes ceremoniales no pueden
practicarse ya más. Esta situación no es diferente a la de Sadrac, Mesac, y
Abed-nego que habían llegado cautivos a Babilonia. Ellos no tenían la
posibilidad de practicar ninguna de las leyes ceremoniales que habían estado
bajo la supervisión espiritual de los sacerdotes en el templo.
A propósito, fíjese por favor que la
circuncisión en el Antiguo Testamento era una ley ceremonial apuntando hacia la
necesidad de tener nuestros pecados quitados. Así también, el bautismo en agua
es una ley ceremonial que señala la necesidad de tener nuestros pecados
limpiados. De la misma manera, la Pascua, las ofrendas quemadas, los sacrificios
de sangre, fueron todos mandatos ceremoniales del Antiguo Testamento que señalaban
hacia Jesús quien fue el Cordero de Dios que fue sacrificado. Del mismo modo,
la Cena del Señor es una ley ceremonial que señala hacia la muerte de
Cristo por la cual recibimos vida eterna, y señala hacia la fiesta de bodas de
la novia y el Cordero, lo cual significa la consumación de nuestra salvación.
La iglesia hizo un lugar alto de estas prácticas, al llamarlas
“sacramentos”. Esta palabra “sacramento” implica que alguna obra
espiritual está siendo llevada a cabo en la vida de alguien que practica el
acto físico. Así, esto convierte al Evangelio en un evangelio de obras-gracia.
Esto es totalmente contrario al verdadero Evangelio. La palabra “sacramento”
ni siquiera se encuentra en la Biblia.
¿Acaso no es maravillosa la armonía de la Biblia?
Cuando el Espíritu Santo ha abierto nuestros ojos a la verdad, somos
grandemente alentados al descubrir la armonía que existe a través de las
Escrituras concernientes a esa verdad.
Debemos aprender la lección de que
Dios tiene todo el derecho de interrumpir un plan divino que El ha puesto en
acción. El plan de Dios para Abraham y su simiente era de que ellos debían
heredar la tierra prometida, la tierra de Canaán, para siempre. Es decir, la
tierra de Canaán era la representación del reino eterno de Dios hasta que Dios
viniera a establecer ese reino. Pero en el año de 1879 A.C. Dios trajo una
hambruna gigantesca en la tierra que destruiría a todos los descendientes de
Abraham que vivían en la tierra de Canaán. No obstante, Dios hizo provisión
para el cuidado de Su pueblo. Dos años más tarde, en el año 1877 A.C., Dios
hizo que ellos fueran a Egipto, una tierra que simbolizaba al mundo de aquel
entonces. Así, Dios interrumpió Su plan de que Israel ocupara la tierra de
Canaán como una representación del reino de Dios.
De la misma manera, cuando Israel se convirtió en una
nación, Dios había prometido a la nación de Israel la tierra de Canaán como
su tierra en posesión hasta que Cristo viniera a ser el cumplimiento espiritual
de esa promesa.
Pero en el año 587 A. C. Dios interrumpió otra vez esa
promesa de la tierra de Canaán a Israel al traer a los ejércitos Babilonios
para destruir Jerusalén y el templo. En esta situación fue un resultado del
rechazo de Judá para quitar los lugares altos.
Del mismo modo, en la era del Nuevo Testamento, Dios dió
instrucción a las iglesias y congregaciones corporales externas para que
evangelizaran al mundo hasta que Cristo volviera otra vez. Hay muchas
referencias en el Nuevo Testamento de que las iglesias y congregaciones debían
existir y ser usadas por Cristo hasta que El venga en el último día. Sin
embargo, en la era
del Israel del Nuevo Testamento las iglesias han sido interrumpidas por Dios. El
ha desatado a Satanás y lo ha enviado a destruir las iglesias porque no han
quitado los lugares altos. Es decir, ellas no corrigieron sus doctrinas que no
concuerdan con la Biblia. Así, la situación hoy es precisamente paralela a
aquella del año 587 A.C. cuando Dios interrumpió la adoración del templo
porque Judá no había quitado los lugares altos.
Este principio de Dios interrumpiendo sus promesas está
claramente establecido en el lenguaje de Jeremías 18:6-10:
¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel. En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar. Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle.
Un segundo principio que aprendemos
al examinar todos los períodos de gran tribulación es que cuando Dios mandó a
Israel o a los creyentes a que se marcharan de Jerusalén, quiere decir que
todos tienen que salir. Nadie debe quedarse.
Cuando Jacob entró a Egipto, no hubo Israelitas dejados
en la tierra de Canaán. Cuando Judá entró cautiva a Babilonia, fue el plan de
Dios que ninguno debía permanecer en Judea. Aprendimos anteriormente que hubo
algunos que quisieron quedarse, pero fueron muertos allí o, en su rebeldía,
decidieron irse a Egipto donde fueron muertos.
Así mismo, en la presente Gran Tribulación, es el plan de Dios que todos los creyentes verdaderos tienen que abandonar las iglesias y congregaciones. Dios enfatiza esto al indicar que el Espíritu Santo es quitado de en medio de las iglesias de manera que no existe ya más la posibilidad de que alguien sea salvo dentro de esas iglesias. El enfatizó esta verdad al declarar que no quedaría piedra sobre piedra en el templo, siendo el templo una representación del cuerpo corporal externo de creyentes.
Un tercer principio que podemos entender
mejor cuando miramos los ejemplos históricos de la presente Gran Tribulación
es que Dios dió mandato a los creyentes de marcharse de su tierra.
José, bajo la inspiración del Espíritu Santo, dijo a
su padre Jacob en Génesis 45:9, lo siguiente:
Daos prisa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas.
Dios mismo animó a Jacob, diciéndole en Génesis 46:3:
Y dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación.
Igualmente, los ciudadanos de Judá y Jerusalén fueron mandados a que fueran a Babilonia. En Jeremías 21:9, leemos:
Esto es repetido en Jeremías 24:5:El que quedare en esta ciudad morirá a espada, de hambre o de pestilencia; mas el que saliere y se pasare a los caldeos que os tienen sitiados, vivirá, y su vida le será por despojo.
Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré a los transportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para bien.
Además, Dios declaró en Jeremías 29:16-18:
Pero así ha dicho Jehová acerca del rey que está sentado sobre el trono de David, y de todo el pueblo que mora en esta ciudad, de vuestros hermanos que no salieron con vosotros en cautiverio; así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí envío yo contra ellos espada, hambre y pestilencia, y los pondré como los higos malos, que de tan malos no se pueden comer. Los perseguiré con espada, con hambre y con pestilencia, y los daré por escarnio a todos los reinos de la tierra, por maldición y por espanto, y por burla y por afrenta para todas las naciones entre las cuales los he arrojado.
Otra vez en Jeremías 38:2, leemos:
Así ha dicho Jehová: El que se quedare en esta ciudad morirá a espada, o de hambre, o de pestilencia; mas el que se pasare a los caldeos vivirá, pues su vida le será por botín, y vivirá.
De modo similar, Dios ha dado mandamiento a quienes están en las iglesias y congregaciones del día de hoy. Mateo 24:15, 16, declara:
Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes.
Lucas 21:20, 21 da la misma advertencia:
Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.
En Apocalipsis 17 y 18 la Biblia habla de la ramera, Babilonia la Grande, indicando que ella ha caído. Más adelante en nuestro estudio nos daremos cuenta que esta ramera no es otra sino la iglesia corporal externa la cual está bajo el juicio de Dios durante el período de la gran tribulación. En este contexto Dios advierte en Apocalipsis 18:4:
Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas.
Entender lo que sucedió a quienes no prestaron atención ni obedecieron esta advertencia cuando Jerusalén fue destruida en el año 587 A.C. debería poner a temblar a cada creyente.
Un cuarto principio que podemos
aprender de estos ejemplos de gran tribulación del Antiguo Testamento es que no
debe haber discusión concerniente a la orden de Dios de salir de la seguridad
de la situación que parece identificarse con las promesas de Dios.
Cuando a Jacob le fue ordenado abandonar Canaán, la
tierra prometida, para ir a Egipto, no leemos que él haya discutido contra el
mandato. Sólo piense, que por 215 años, Abraham, Isaac, y Jacob habían vivido
en la tierra de Canaán que se les dió a ellos por posesión.
Marcharse de la tierra para ir a Egipto significaría
que ellos estaban abandonando su posesión dada por Dios, permitiendo que los
malos de la tierra la poseyeran. Además, en tiempos anteriores cuando hubo
hambre, a Isaac le fué expresamente prohibido por Dios que fuera a la tierra de
Egipto (Génesis 26:2).
Por tanto, hubiera sido completamente razonable para
Jacob discutir con su hijo: “José, te das cuenta lo que representa la tierra
de Canaán? ¿Cómo puedo yo dejar esta tierra prometida? Recuerda que mi padre
Isaac fue mandado por Dios a no ir a Egipto para escapar del hambre (Génesis
26:2). Ciertamente, José, hijo mío, ya que estás en autoridad tan grande en
Egipto, tú ciertamente podrías enviar unos cuantos vagones cargados de grano
para nuestra familia. Tú nos envías grano para los primeros dos años de
hambre y sobreviviremos. José, hijo mío, esa es una solución razonable y lógica
que nos permitirá permanecer en esta tierra bendita que el Señor nos ha
dado”.
¿Pero qué leemos en la Biblia? No argumentos. No
debates de la orden. Solamente obediencia.
Cuando miramos la tribulación del año 587 A.C. hubo
quienes discutieron con Dios. Se les había dado permiso de parte del comandante
Babilonio de quedarse. Había viñas y árboles que requerían cultivarse. ¿Acaso
no era totalmente razonable permanecer en Jerusalén?
La Biblia registra el triste resultado de esta reacción
a la orden que había sido dada de marchar cautivos hacia la tierra de
Babilonia. Muchos fueron muertos. El resto tenían sus corazones en rebelión
contra Dios, de tal manera que finalmente se marcharon a Egipto donde fueron
destruidos.
De esta manera, aprendemos que la orden de salir de
Jerusalén (que es la iglesia externa corporal), no debe ser discutida. Tiene
que ser obedecida.
Este mandato no está sujeto a análisis de parte de las mentes intelectuales brillantes de los teólogos. Tiene que obedecerse.
Un pasaje que se usa a veces como prueba Bíblica de que cuando Cristo regrese todavía serán encontrados creyentes verdaderos en las iglesias, es Jeremías 39:10:
Pero Nabuzaradán capitán de la guardia hizo quedar en tierra de Judá a los pobres del pueblo que no tenían nada, y les dio vias y heredades.
Para asegurarnos de comprender esta
verdad, se repite esencialmente en II Reyes 25:12 y en Jeremías 52:16. ¿Acaso
no los pobres de estos versículos se identifican con los creyentes?¿Y qué no
se no les da autoridad para permanecer en Jerusalén? ¿Que no indica esto acaso
que, a pesar de la orden repetida de huir de Jerusalén, sea posible que algunos
creyentes verdaderos aún permanecerán en las iglesias locales y todavía estarán
bajo la bendición de Dios?
Para dar respuesta a estas preguntas, veamos lo que
sucedió a estos pobres individuos que se quedaron en Jerusalén aunque Dios les
había dicho repetidamente que no debían quedarse.
En Jeremías 40:7, leemos que el rey de Babilonia hizo a
Gedalías, hijo de Ahicam, gobernador sobre los que se quedaron en Jerusalén.
En Jeremías 40:11-13, leemos:
Asimismo todos los judíos que estaban en Moab, y entre los hijos de Amón, y en Edom, y los que estaban en todas las tierras, cuando oyeron decir que el rey de Babilonia había dejado a algunos en Judá, y que había puesto sobre ellos a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, todos estos judíos regresaron entonces de todos los lugares adonde habían sido echados, y vinieron a tierra de Judá, a Gedalías en Mizpa; y recogieron vino y abundantes frutos. Y Johanán hijo de Carea y todos los príncipes de la gente de guerra que estaban en el campo, vinieron a Gedalías en Mizpa.
En Jeremías 41:2,3, leemos:
Y se levantó Ismael hijo de Netanías y los diez hombres que con él estaban, e hirieron a espada a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, matando así a aquel a quien el rey de Babilonia había puesto para gobernar la tierra. Asimismo mató Ismael a todos los judíos que estaban con Gedalías en Mizpa, y a los soldados caldeos que allí estaban.
La advertencia de Dios a los Judíos de
que tenían que salir de Jerusalén para no ser destruidos ya se había hecho
realidad. Pero todavía allí se quedaron en Jerusalén algunos de estos pobres
que estaban ahora bajo el liderazgo de un hombre llamado Johanán hijo de Carea.
Los que se quedaron ahora vinieron a Jeremías con una
pregunta seria. (A propósito, Dios había dejado a Jeremías con ellos como
representante de la Palabra de Dios del mismo modo que las iglesias de nuestra
época están siendo advertidas por la Palabra de Dios). Leemos en Jeremías
42:1-3:
Vinieron todos los oficiales de la gente de guerra, y Johanán hijo de Carea, Jezanías hijo de Osaías, y todo el pueblo desde el menor hasta el mayor, y dijeron al profeta Jeremías: Acepta ahora nuestro ruego delante de ti, y ruega por nosotros a Jehová tu Dios por todo este resto (pues de muchos hemos quedado unos pocos, como nos ven tus ojos), para que Jehová tu Dios nos enseñe el camino por donde vayamos, y lo que hemos de hacer.
De conformidad con esta petición, Jeremías convino en preguntar a Dios una vez más en relación a Su mandato de que todos los Judíos debían abandonar Jerusalén. Jeremías 42, versículo 4, registra:
Y el profeta Jeremías les dijo: He oído. He aquí que voy a orar a Jehová vuestro Dios, como habéis dicho, y todo lo que Jehová os respondiere, os enseñaré; no os reservaré palabra.
Después de 10 días, Jeremías trajo respuesta de Dios a la petición de ellos. Leemos en Jeremías 42:10-12:
Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no os destruiré; os plantaré, y no os arrancaré; porque estoy arrepentido del mal que os he hecho. No temáis de la presencia del rey de Babilonia, del cual tenéis temor; no temáis de su presencia, ha dicho Jehová, porque con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano; y tendré de vosotros misericordia, y él tendrá misericordia de vosotros y os hará regresar a vuestra tierra.
Si leemos de paso aquellos versículos, parece como si Dios les está dando permiso de quedarse en Jerusalén. Si esta es una comprensión verdadera de estos versículos, por qué es que a medida que seguimos la experiencia de ese remanente de pobres que no habían sido muertos por Ismael hijo de Netanías (Jeremías 41:2-10), encontramos que todos ellos cayeron en desastre. Luego del reporte de Jeremías, ellos le respondieron en Jeremías 43:1, 2:
Aconteció que cuando Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo todas las palabras de Jehová Dios de ellos, todas estas palabras por las cuales Jehová Dios de ellos le había enviado a ellos mismos, dijo Azarías hijo de Osaías y Johanán hijo de Carea, y todos los varones soberbios dijeron a Jeremías: Mentira dices; no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No vayáis a Egipto para morar allí.
Después de esto, ellos actuaron. Dios les había mandado expresamente no ir a Egipto. Pero leemos en Jeremías 43:5-7:
Sino que tomó Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de guerra, a todo el remanente de Judá que se había vuelto de todas las naciones donde había sido echado, para morar en tierra de Judá; a hombres y mujeres y niños, y a las hijas del rey y a toda persona que había dejado Nabuzaradán capitán de la guardia con Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, y al profeta Jeremías y a Baruc hijo de Nerías, y entraron en tierra de Egipto, porque no obedecieron a la voz de Jehová; y llegaron hasta Tafnes.
A través del resto de Jeremías 43 y Jeremías 44, Dios les advierte que ellos serán completamente destruidos en Egipto. Leemos en Jeremías 44:12:
Y tomaré el resto de Judá que volvieron sus rostros para ir a tierra de Egipto para morar allí, y en tierra de Egipto serán todos consumidos; caerán a espada, y serán consumidos de hambre; a espada y de hambre morirán desde el menor hasta el mayor, y serán objeto de execración, de espanto, de maldición y de oprobio.
Así, la consecuencia de quienes
insistieron en desobedecer a Dios quedándose en Judea porque tenían permiso
del rey de Babilonia fue precisamente como Dios les había advertido. Dios
repetidamente les advirtió que si se quedaban en Jerusalén serían destruidos.
Y aunque Jeremías 42:10-12 podría entenderse como si Dios había cambiado de
parecer y les había permitido quedarse en Jerusalén, es obvio que ellos aún
estaban bajo la ira de Dios.
Somos recordados de la experiencia de Balaam quien fue
contratado por el rey de Moab para maldecir a Israel. Dios le dijo en Números
22:12:
Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es.
Pero Balac rey de Moab insistió en que Balaam volviera a pedir a Dios que le permitiese ir con Balac a maldecir a Israel. Por tanto, leemos en Números 22:19, 20:
Os ruego, por tanto, ahora, que reposéis aquí esta noche, para que yo sepa qué me vuelve a decir Jehová. Y vino Dios a Balaam de noche, y le dijo: Si vinieron para llamarte estos hombres, levántate y vete con ellos; pero harás lo que yo te diga.
Sin duda Dios le ha dado ahora a Balaam luz verde para ir con Balac. Pero luego leemos en Números 22:21, 22:
Así Balaam se levantó por la mañana, y enalbardó su asna y fue con los príncipes de Moab. Y la ira de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos criados suyos.
Dios nos está revelando que si persistimos en desear que nuestra propia voluntad se haga, Dios nos va a dejar hacerla. Si esa voluntad es contraria
al claro mandato de Dios, puede parecer como si Dios ha cambiado su mandato y que está de acuerdo con nuestros deseos. Sin embargo, la verdad es que todavía estamos bajo la feroz ira de Dios porque estamos argumentando contra Dios de modo que en alguna manera podamos salirnos con nuestra voluntad.Volviendo a Jeremías, sabemos que Dios repetidamente dijo a Israel que saliera de Jerusalén y Judá. Sin embargo, estos pobres que fueron dejados por los Babilonios para cuidar las viñas están en realidad pidiendo a Dios su aprobación para permitirles quedarse. Así como Dios concedió su deseo a Balaam, así también, Dios aparentemente dio a los pobres Judíos permiso para quedarse en Jerusalén. Pero es obvio que Su ira se encendió contra ellos. Si Dios los amaba, El tendría que haber obrado en ellos a querer y hacer por Su buena voluntad. Vemos, sin embargo, que es una rebelión total contra Dios. Fue la rebelión que terminó en total desastre para todos los que se atrevieron a quedarse en Judá.
En realidad, si leemos Jeremías 42:10-12 más cuidadosamente, nos damos cuenta que Dios no está dando a estos Judíos pobres ningún permiso para quedarse en Jerusalén. Miremos estos versículos una vez más. Descubriremos que Dios está respondiéndoles que se arrepentirá de Su ira sobre ellos después de que regresen a Judá. Es decir, después que ellos hayan obedecido el mandato de Dios de salir de Judá, vendría el tiempo cuando ellos podrían volver a la tierra de Judá y luego estar todos juntos bajo la bendición de Dios. Por favor fíjese en la oración de apertura del versículo 10: “Si os quedareis (habitareis) quietos en esta tierra...” La palabra “quedareis o habitareis” en el Hebreo original es la palabra shuv que se encuentra cientos de veces en la Biblia y normalmente es traducida “volver o retornar”. Por tanto, la frase de apertura del versículo 10 debería decir: “al regresar” o “al retornar” vosotros moraréis o “habitaréis en esta tierra” . Pero retornar significa que primeramente ellos tenían que haberse ido, y Dios repetidamente les mandó a irse como cautivos de Babilonia. Dios también prometió que en un tiempo futuro, ellos retornarían a la tierra de Judá para estar bajo el cuidado amoroso de Dios.
Esta declaración de retornar está también enfatizada por el lenguaje de Jeremías 42:12, que declara:
Y tendré de vosotros misericordia, y él tendrá misericordia de vosotros y os hará regresar a vuestra tierra.
De esta manera, aprendemos que nadie debe quedarse en Jerusalén o Judea cuando Babilonia gobierna sobre esta tierra. Es decir, nadie puede hallar alguna clase de excusa válida para quedarse en la congregación local. No hay duda que Dios nos dice que salgamos de Babilonia para que no recibamos las plagas de Dios. Estas verdades históricas reportadas en Jeremías tienen que ser escuchadas con sumo cuidado. Es puro disparate insistirle a Dios que nosotros tenemos un mejor plan que el Suyo.
En Mateo 24:21 Dios habla muy sucintamente acerca de este tiempo de Gran Tribulación:
Porque habrá entonces gran tribulación,cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.
Hemos comprendido esto muy bien. Sin embargo, en el versículo siguiente la Biblia agrega palabras que no son inmediatamente fáciles de entender. Allí leemos:
¿Qué puede significar esto? Para comprender este versículo, primeramente debemos resumir quién experimenta la gran tribulación de la cual se habla en el versículo 21. Realmente hay tres entidades que son conmocionadas por la gran tribulación. Estas son:Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.
1. Los verdaderos creyentes en la iglesia.
2. Los miembros de la iglesia que no son salvos.
3. El mundo fuera de la iglesia.
Los verdaderos creyentes son la Jerusalén de arriba de la
que se habla en Gálatas 4:26. Ellos son el oro, la plata y piedras preciosas de
1 Corintios 3:12. Ellos son los dos testigos de Apocalipsis 11 que son muertos.
Ellos están en gran tribulación porque son echados y/o. mandados a salir de la
iglesia local donde han servido fielmente al Señor. Ellos reconocen totalmente
que su salvación está segura en Cristo y no en nada que la iglesia pueda
ofrecer.
El segundo grupo son los no salvos que son miembros de
la iglesia local. Ellos son la Jerusalén actual de la cual se habla en Gálatas
4:25. Ellos son la madera, el heno y hojarasca de 1 Corintios 3:12. Su confianza
y seguridad espiritual está en la iglesia local. Ellos creen que las
congregaciones locales continuarán como cuerpos de creyentes verdaderos
ininterrumpidamente hasta el regreso de Cristo. De ninguna manera reconocen
ellos que la iglesia en la que ellos siguen confiando ha sido abandonada por
Dios, tanto que el Espíritu Santo ya no está salvando más a la gente dentro
de ella y, de hecho, Satanás está hoy gobernando en su iglesia local.
El tercer grupo son las gentes del mundo. Entre ellos
hay muchos que son elegidos de Dios pero que todavía no han llegado a ser
salvos. A través de más de 1950 años de la era de la iglesia durante la cual
Dios había usado a las iglesias para evangelizar al mundo, la posibilidad de
salvación existió. Existió porque cada iglesia local fue realmente mandada
para ser testigo al mundo. Pero cuando la escasez o hambre espiritual de la
primera parte de la Gran Tribulación comenzó, no hubo posibilidad para la
salvación de ellos por medio de las iglesias llevando el Evangelio al mundo.
Esto fue así porque las iglesias y congregaciones ya no tenían más una comisión
para llevar el Evangelio. No tan sólo estaban las iglesias en gran tribulación,
sino también así lo estaba el mundo. ¡Qué terrible! Cuando Satanás fué
desatado al comienzo de la Gran Tribulación virtualmente ninguno podría
salvarse dentro de la iglesia local o en ninguna parte allí fuera en el mundo.
Era el tiempo del cual se habla en Apocalipsis 8:1 donde Dios habla de media
hora de silencio en el cielo. Esta media hora debe ser entendida como siendo la
primera parte de la Gran Tribulación durante la cual el cielo no está salvando
a las personas por medio de la proclamación del Evangelio desde las iglesias.
Fue el tiempo que se identifica con las 2300 tardes y mañanas de Daniel 8. Son
los tres días y medio de que se habla en Apocalipsis 11 cuando los dos testigos
yacen en las calles.
Pero hay esperanza. Esa esperanza no es para el segundo
grupo, los miembros no salvos de las iglesias que insisten en permanecer en su
iglesia
local. Ellos insistirán en quedarse en la iglesia local, no dispuestos a
reconocer que Satanás está gobernando su iglesia. Su iglesia local continuará
en Gran Tribulación ininterrumpidamente hasta el regreso de Cristo. A más
ellos insistan en quedarse en su iglesia, más ciegos se volverán. Recuerde que
Dios advierte en II Tesalonicenses 2 de un poder engañoso que Dios les enviará.
Por otro lado, para el grupo número 1, los creyentes
verdaderos, el horror inicial de ser echados o mandados a dejar la congregación
local será suavizado por el conocimiento de que durante la última parte de la
Gran Tribulación, una gran multitud que nadie puede contar están siendo
salvos. Esto estará ocurriendo al final de las 2300 tardes y mañanas de Daniel
8 cuando el santuario (el lugar santo) sea limpiado (hecho justo). El lugar
santo es donde Dios el Espíritu Santo está salvando. Durante la última parte
de la tribulación cuando los dos testigos se hayan puesto sobre sus pies y la
lluvia tardía haya comenzado, el Espíritu Santo estará activo en todo el
mundo salvando personas en el ambiente fuera de las iglesias.
Por lo tanto, el horror que descendió sobre el mundo
entero durante la primera parte de la Gran Tribulación llegará a su fin. Será
reemplazado por la realidad maravillosa de la lluvia tardía. De esta manera
podemos entender por qué Mateo 24:22 declara que por amor de los escogidos
aquellos días serán acortados. El tiempo de la Gran Tribulación no es
acortado en la medida de todas las congregaciones locales y miembros no salvos
dentro de ellas. Sino, son acortados en la medida en que los verdaderos
creyentes han salido de las iglesias. También, son especialmente acortados en
la medida que se refiere al mundo fuera de la iglesia. Por amor a los escogidos
que aún habrán de ser salvos, no hay obstáculo para el verdadero Evangelio
fuera de la iglesia local, el cual sigue proclamándose y es bendecido con la
salvación de todos los elegidos que aún tienen que ser salvos antes del fin
del mundo. Mateo 24:22 por lo tanto, en un sentido real, nos introduce en la
tercera estación, la lluvia tardía.
Otro principio que aprendemos del examen
de estos períodos de tribulación del Antiguo Testamento es que, tal como
aprendimos antes, la tribulación llega a un clímax en un determinado tiempo de
la historia.
El hambre en la época de Jacob comenzó dos años antes
de cuando él fuera mandado a ir a Egipto (Génesis 45:6). El inicio del hambre
fue en el año 1879 A.C. De esta manera, el año 1879 marcó el comienzo de esta
gran tribulación. Sin embargo, fue en el año 1877 que la tribulación alcanzó
su
clímax al ser mandado Jacob a salir de la tierra prometida, Canaán, y a irse a
Egipto.
La tribulación que llegó a su punto culminante en el año
587 A.C. con la destrucción total de Jerusalén realmente comenzó 22 años
antes (23 años inclusive) en el año 609 A.C. Fue en el año 609 A.C. que el último
rey bueno que reinó sobre Judá fue muerto inesperadamente en batalla. De ese
tiempo en adelante, el juicio de Dios comenzó a caer sobre Judá hasta que
finalmente, en el 587 A.C., Jerusalén y el templo fueron destruidos. Este año
se convirtió en el año oficial que terminó la ocupación de Israel sobre la
tierra de Canaán.
Así mismo, la Gran Tribulación de nuestros días tuvo
su comienzo hace algunos años. Pero tal como hemos aprendido, el año 1994
marca el año oficial en el que la era de la iglesia terminó y la estación de
la lluvia tardía comenzó. Coincide con el final de las 2300 tardes y mañanas
de Daniel 9. También coincide con el final de los 42 meses de Apocalipsis 11 y
el final de los tres años y medio de Apocalipsis 11. También coincide con el
comienzo de la lluvia tardía. Es decir, coincide con el principio de la estación
de la lluvia tardía que trae cosecha al final del año. Más adelante
aprenderemos que esta estación final está ocurriendo al mismo tiempo que
continúa la Gran Tribulación en lo que a las iglesias y congregaciones se
refiere.
El período de la Gran Tribulación se divide en dos
partes al igual que los 70 años de tribulación de Jeremías se dividió en dos
partes. Como hemos visto, la primera parte de los 70 años fue a partir de la
muerte del Rey Josías en el año 609 A.C. y terminó en el año 587 A.C. cuando
Jerusalén y el templo fueron destruidos. La segunda parte fueron los 48 años
desde el 587 A.C. hasta el 539 A.C. cuando Babilonia fué conquistada por los
Medos y los Persas. Puede mostrarse que la conquista de Babilonia por los Medos
y los Persas es un cuadro del Día del Juicio en el día final del mundo.
También como hemos visto, la gran tribulación de la época
de Jacob se dividió en dos partes. La primera fue de dos años de duración y
la segunda fue de cinco años de duración. En otro sentido, la segunda parte
fueron los 430 años en los cuales Israel permaneció en Egipto hasta el año
447 A.C.
¿Cúanto dura entonces la segunda parte de la tribulación
presente que terminará con el regreso de Cristo? Esa es una pregunta que no
intentaremos responder en este estudio.
Mientras estamos examinando los períodos de tribulación
de la historia, es importante notar que el período de 70 años de tribulación
que ocurrió cuando Judá estaba bajo juicio, se identifica tan cercanamente con
la Gran Tribulación de hoy, que Dios en verdad lo usa como representación del
período de tribulación que se está llevando a cabo en nuestros días.
Tenemos que repasar brevemente la
evidencia que muestra claramente que este es el tiempo del juicio Divino que ha
comenzado en la casa de Dios.
Recuerde que aprendimos que la Biblia enseña que vendría
un tiempo de Gran Tribulación durante la cual la abominación desoladora estaría
en el lugar santo. La prueba de ese evento sería el hecho de que falsos
profetas surgirían con señales y prodigios para engañar si fuese posible aun
a los elegidos.
La prueba presente del interés intenso en señales y
prodigios en todo el mundo es clara evidencia de que el tiempo es ahora. Nunca
antes ha sido como lo es hoy. Esto en sí mismo debería ser prueba concluyente
de que el tiempo ha llegado y las iglesias están bajo el juicio de Dios. Por lo
tanto, todos los que están listos para obedecer los mandatos de Dios pueden
saber que es hora de huir de las iglesias y congregaciones.
Sin embargo, Dios en Su misericordia da una segunda señal
dramática de que el tiempo del juicio de Dios sobre las iglesias ha llegado.
Recuerde que aprendimos anteriormente que cuando Satanás estaba gobernando en
el templo, él invocaría fuego del cielo. Recuerde que aprendimos que Satanás
no puede literalmente hacer descender fuego del cielo, pero sí puede llevar a
cabo la señal sobrenatural de invocar fuego del cielo, y esa señal está
causando que la gente caiga hacia atrás al piso.
A causa de que el fenómeno de gente
cayendo hacia atrás al presente se ve en todo el mundo, tenemos una prueba
adicional tremenda de que la hora del juicio de Dios sobre la iglesias es
precisamente ahora. El tiempo llegó. Cualquiera que dude en huir de su iglesia
debería preguntarse: “¿Por qué dudo en obedecer a Dios? ¿Es posible que yo
quiera que se haga mi voluntad y no la voluntad de Dios? Si es así, ciertamente
me pregunto cuál es mi relación con Dios . ¿Es esta la manera como debería
actuar un verdadero creyente?”.
A fin de que podamos saber en forma super concluyente
que el tiempo del juicio de Dios sobre las iglesias ha llegado, Dios nos da
prueba adicional. Mientras vemos al mundo eclesiástico cayendo en la decadencia
en todo el mundo, al mismo tiempo vemos ministerios como el de Family Radio
floreciendo en tanto que lleva el Evangelio a todo el mundo. Esta actividad por
medio de ministerios como el de Family Radio no puede ser explicado de
ninguna otra manera sino que es evidencia de la lluvia tardía. Verdaderamente,
armoniza perfectamente con el lenguaje de Apocalipsis 7:9 de que una gran
multitud que nadie puede contar está siendo salva.
En efecto, la evidencia de estas tres señales es prueba
abrumadora de que el tiempo es ahora. Cualquiera que dude en marcharse de su
iglesia debe primero preguntarse: “¿Al fin y al cabo, a quién estoy
adorando? ¿Es realmente a Dios o podría ser a alguien más?”
Hemos aprendido que la destrucción de Jerusalén por
Babilonia en el año 587 A.C. fue un cuadro o representación del fin de la era
de la iglesia en el año 1994 D.C. El hecho es que, al mirar cuidadosamente la
Gran Tribulación ocurrida cuando Jacob y su familia fueron a Egipto para
escapar del hambre, y también al examinar cuidadosamente la destrucción
terrible de Jerusalén en el año 587 A.C. hemos aprendido muchas lecciones
valiosas concernientes al carácter e impacto sobre nuestras vidas de la
presente Gran Tribulación del fin del tiempo que estamos experimentando.
El libro de Jeremías ha sido particularmente útil en
enseñarnos muchas cosas acerca de la Gran Tribulación de nuestros días. Allí
la Biblia nos revela que hay dos partes en el período de la Gran Tribulación.
En la estancia de la destrucción de Jerusalén, el juicio de Dios sobre Jerusalén
comenzó en el año 609 A.C., cuando el último rey temeroso de Dios, Josías,
fue muerto en la batalla contra Egipto. Esto ocurrió en el año 609 A.C. El
juicio de Dios cayó sobre Judá porque persistieron en adorar dioses falsos en
los lugares altos. Durante los siguientes 23 años inclusivos ellos estuvieron
subyugados, primero bajo Egipto y luego bajo Babilonia. Finalmente, en el año
587 A.C., Babilonia destruyó a Jerusalén y el templo, y la mayoría del pueblo
fueron muertos. El remanente fue mandado a salir como cautivos a Babilonia.
Quienes fueron a Babilonia fueron mandados a vivir vidas
fructíferas, procurando el bienestar de Babilonia. Jeremías 29:4-7, registra
lo siguiente:
Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice transportar de Jerusalén a Babilonia: Edificad casas, y habitadlas; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos. Casaos, y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas, para que tengan hijos e hijas; y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis. Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz.
La cautividad llegó a su final en el año 539 A.C., 70 años después del 609 A.C. cuando la historia de horror comenzó. En el año 539 A.C. Babilonia fue destruida por los Medos y los Persas. Este período de 70 años es un cuadro o representación de la Gran Tribulación de nuestro día. Los 48 años ( Del 587 A.C. al 539 A.C.) que Judá estuvo en cautividad, durante los cuales deberían de orar por Babilonia y procurar la paz de Babilonia, simboliza el período de la lluvia tardía. Hemos aprendido que el período de la lluvia tardía es el tiempo durante el cual habrá una gran multitud que ninguno puede contar siendo salvos al proclamarse el Evangelio a todo el mundo después de que la era de la iglesia ha finalizado.
Anteriormente en este estudio, aprendimos
que Jerusalén y Judea se refieren a las iglesias, a través de toda la era de
la iglesia. A causa de la importancia de esta cuestión, también mirémosla una
vez más.
¿A quién o a qué se refieren Jerusalén o Judá
cuando se le ordena a la gente a huir de ellas en Mateo, Marcos, y Lucas?
En Lucas 21:20, 21, Dios declara:
Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.
¿A quién
tiene en mente Dios al establecer este mandato de huir a las montañas y a salir
y no entrar?
Cuando examinamos cuidadosamente el lenguaje Bíblico,
descubrimos que la Jerusalén o Judea que Dios tiene en mente no es otra sino la
iglesia corporal externa.
Las iglesias y congregaciones están formadas de
creyentes verdaderos, quienes están eternamente seguros en Cristo, junto con
muchos que no son salvos. Estos últimos individuos creen que son salvos pero
son como la madera, el heno, y la hojarasca, que tienen un lugar en el templo de
Dios, pero el Día del Juicio revelará que ellos nunca fueron salvos.
Así, la iglesia corporal, formada por las
congregaciones locales en todo el mundo, es paralela a la antigua Judá o al
antiguo Israel las cuales tenían gente salva así como gente no salva dentro de
ellas. Por esta razón Dios habla de aquellos que son salvos como siendo judíos.
En Romanos 2:28 y 29, leemos:
Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.
Esto es además declarado en Gálatas 3:29:
Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.
La nación física
de Israel es físicamente la simiente de Abraham. Sin embargo, espiritualmente,
son los creyentes verdaderos en Cristo quienes son la simiente de Abraham. Ellos
son el Israel de Dios (Gálatas 6:16).
En Gálatas 4 Dios dirige además nuestro pensamiento
sobre este asunto al hablar de los creyentes como pertenecientes a una de las
dos Jerusalén. Leemos en Gálatas 4:26:
Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre.
Esta Jerusalén
está arriba. Es decir, consiste de quienes espiritualmente están sentados con
Cristo en lugares celestiales (Efesios 2:6). Estos son los verdaderos creyentes.
Desde el momento de la salvación, pertenecemos eternamente a la Jerusalén de
arriba. Esta es una Jerusalén de la cual cada persona salva nunca puede ser
separada. Finalmente vendrá como la Nueva Jerusalén, la novia de Cristo, a
ocupar los nuevos cielos y nueva tierra que creará Dios. A través de toda la
era de la Iglesia, ellos fueron oro, plata, y piedras preciosas en el templo el
cual es la iglesia corporal externa.
Pero Gálatas 4 también habla de otra Jerusalén. Esta
representa a quienes no han sido salvos. Ellos son la Jerusalén actual (Gálatas
4:25). Ellos no han experimentado la gracia de Dios. Su problema principal es el
mismo que existió en el Israel del Antiguo Testamento; ellos están confiando
en algunos de sus esfuerzos para ayudarles en su salvación. Ellos también son
llamados Jerusalén, al igual que los incrédulos en el Israel físico fueron
llamados Israelitas. Al presente ellos son la madera, heno, y hojarasca en el
templo que durante la era de la iglesia fue la iglesia corporal externa.
Así, debemos entender que la iglesia corporal externa
estaba compuesta de ambos, aquellos que forman parte de la Jerusalén de arriba,
y aquellos que son parte de la Jerusalén actual. Por lo tanto, la Jerusalén de
la cual Dios habla en pasajes tales como Lucas 21
debe entenderse que se trata de la iglesia corporal externa en la cual ambas
Jerusalén existen aquí en esta tierra.
¿Cuál es el contexto en el cual la Biblia advierte a
los que están en Jerusalén y Judea que huyan y que salgan? (Lucas 21:20, 21).
La escena es de un tiempo muy cercano al fin del mundo. Lucas 21:24 indica que
Jerusalén será hollada hasta que se cumplan los tiempos de los Gentiles
(naciones). El versículo 27 muestra que esto es justamente antes que ellos vean
al Hijo del hombre (Cristo) viniendo en una nube.
Obviamente esto está hablando de eventos muy cercanos
al fin del tiempo.
En este momento de la historia, nos encontramos cerca
del fin del tiempo. Hemos aprendido que existe amplia evidencia de que ya
estamos en ese período que es llamado la Gran Tribulación. Es cierto que en
este momento de la historia existe una Jerusalén literal, física. Ella se
halla en seria tensión política con los Palestinos. ¿Es esta la ciudad de
donde los creyentes tenemos que huir? ¿Es esta una ciudad que está siendo
hollada por las naciones?
No hay evidencia Bíblica de que esta Jerusalén literal
es la que se está considerando. La ciudad literal de Jerusalén que existe hoy
está ocupada por muy pocos creyentes en Cristo. Como ciudad física nunca
podría relacionarse con los eventos a nivel mundial que tienen que ver con la
Gran Tribulación.
La única otra Jerusalén que posiblemente podría
estarse considerando es la Jerusalén espiritual. Y la espiritual está dividida
en la Jerusalén de arriba y la Jerusalén de la actualidad. La Jerusalén de
arriba consiste solamente de creyentes y es eterna en su carácter. Si somos
ciudadanos de la Jerusalén de arriba, nosotros no podemos huir de ella aún si
tratáramos. Esto se debe a que es una ciudad eterna formada por todos los
elegidos.
Por lo tanto, solamente hay una Jerusalén que puede
estarse considerando cuando la Biblia habla de Jerusalén rodeada por
ejércitos. Es la Jerusalén que consiste de todas las congregaciones e iglesias
localizadas a través de todo el mundo. Es la iglesia corporal externa de donde
tenemos que salir. Esta es la Jerusalén a la cual no debemos entrar. Es el
lugar santo de que habla Mateo 24:15 cuando Dios nos manda a huir de ella. Es
llamado el lugar santo porque a través de toda la era de la iglesia, este es el
lugar donde los creyentes verdaderos ordinariamente se encontraban. Es el lugar
donde a través de toda la era de la iglesia, el Espíritu Santo estaba presente
dentro de ella para aplicar la Palabra de Dios a los corazones de quienes Dios
estaba salvando. Es el lugar Santo porque Cristo estaba reinando allí.
Ya hemos aprendido que tenemos que salir de ella porque
su candelero ha sido quitado. Es decir, el Espíritu Santo ha sido quitado de en
medio. Por tanto, ya no es posible que la gente se
salve dentro de aquellas iglesias, sin importar cuán fielmente una
congregación pueda tratar de permanecer leal a la Biblia.
Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad.
¿Cómo puede la ciudad ser tomada
(es decir, destruida), y sin embargo la mitad de la ciudad sale en cautiverio
mientras el residuo no es cortado de la ciudad?
Esto puede entenderse si recordamos que quienes van en
cautividad son como aquellos que fueron a Babilonia cuando Jerusalén fue
destruida en el año 587 A.C. Ellos representan a los creyentes verdaderos que
son salvos del juicio de Dios, cuando El juzga a las iglesias y denominaciones
durante el tiempo de la gran tribulación.
Pero estos mismos creyentes no pueden ser cortados de
Jerusalén. La Jerusalén de la cual no pueden ser cortados es la Jerusalén de
arriba. Recuerde que la Jerusalén de arriba es la Jerusalén eterna cuyos
ciudadanos son los creyentes verdaderos.
Así, en estos versículos debemos entender que quienes
van en cautividad son los mismos individuos representados como aquellos que no
son cortados de la ciudad.
Hay un pasaje significativo en Isaías que enfatiza esta misma verdad. En Isaías 4:1-3, leemos:
Echarán mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; solamente permítenos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio. En aquel tiempo el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel. Y acontecerá que el que quedare en Sion, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén estén registrados entre los vivientes.
Las siete mujeres mencionadas en el
versículo 1 se identifican con las siete iglesias de Apocalipsis 2 y 3. Esas
siete iglesias representan a todas las iglesias y congregaciones que han venido
a la existencia a través de toda la era del Nuevo Testamento. Las iglesias son
llamadas mujeres porque dentro de ellas están los creyentes verdaderos que son
la novia de Cristo.
En Isaías 4:1, son presentadas como quienes echan mano
de un hombre. Es decir, ellas quieren al Hijo del hombre, a Cristo, para que sea
su Salvador y Rey. Pero ellas no quieren que El sea su pan espiritual, y ellas
no quieren ser vestidas con Su manto de justicia. Ellas quieren su propio
pan y su propia ropa. Es decir, quieren el nombre de Cristo, quieren
identificarse con Cristo, pero ellas quieren su propio programa de salvación.
Dicho de otra manera, ellas quieren ser la autoridad final de la verdad. No
quieren estar tan preocupadas de la verdad de la Biblia.
Esto, por lo tanto, es una acusación contra las
iglesias de nuestros días. Ellas no están dispuestas a renunciar a las
doctrinas de su iglesia o denominación aunque un cuidadoso estudio pueda
revelar que muchas de sus enseñanzas son contrarias a la Biblia.
Sin embargo, el versículo 2 de Isaías 4 revela que en
ese día, el día cuando esta condición lamentable exista en las iglesias, el
renuevo del Señor (Cristo) será hermoso y el fruto de la tierra (aquellos que
están siendo salvos) será excelente. Ellos son los que están siendo salvos
porque hubo aquellos que han escapado de la iglesia o congregación y
continuaron llevando el verdadero Evangelio fuera de la iglesia. Pero el
versículo 3 habla de aquellos que se quedan en Jerusalén que han de ser
llamados santos. Estos que han escapado y están llevando el Evangelio fuera de
la iglesia todavía son parte integral de la Jerusalén invisible y eterna la
cual se identifica con la iglesia que es de arriba. Ellos, por lo tanto, son
santos. Este Israel del cual han escapado solo puede tratarse del Israel
corporal externo que se identifica con las iglesias y congregaciones durante el
tiempo de la gran tribulación. Pero estos que han escapado todavía permanecen
en la Jerusalén eterna.
Estos que han escapado, es decir, que han salido de las
iglesias y congregaciones no han dejado a Sión, no han dejado a la Jerusalén
espiritual eterna. Ellos están eternamente seguros en la Jerusalén que es de
arriba. Sus nombres han sido escritos en el libro de la vida del Cordero.
¿Qué hace uno si no hay otros con quien reunirse? Por ejemplo, algunos en China o India oyen el verdadero Evangelio y Dios los salva. Ellos no saben nada acerca de una iglesia local y si lo supieran Dios ahora manda que ellos no deben formar parte de una congregación local. ¿Cómo pueden obedecer el mandato de Hebreos 10:25, que dice:
No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
La frase “cuando veis que aquel día
se acerca” muestra claramente que este mandato tiene que ver con los creyentes
ininterrumpidamente hasta el fin del tiempo, ininterrumpidamente hasta el Día
del Juicio en el fin del mundo. ¿Pero cómo tienen ellos que obedecer este
mandato si no pueden reunirse con la congregación de la iglesia local?
En primer lugar, la palabra Griega traducida
“congregarse” en este versículo se encuentra solamente en otro lugar, y
este es II Tesalonicenses 2:1, donde dice “reunión”. Pero esta reunión
consiste solamente de creyentes verdaderos porque es una “reunión con él”,
en la venida de Cristo en el último día. Así, esta es una palabra que se
identifica sólo con creyentes verdaderos. A medida que se aproxima el fin del
mundo pocos creyentes verdaderos se encuentran dentro de las iglesias porque la
era de la iglesia como institución usada por Dios ha llegado a su fin. Aun
estos pocos creyentes se les manda a salir de su iglesia. Debido a que son
creyentes verdaderos, ellos tienen un gran deseo de obedecer todos los
mandamientos de Dios. Por tanto, muy rápidamente, ellos también dejarán su
iglesia local.
Significativamente, Dios nos ha dado el día de la
semana cuando este mandato tiene que ser obedecido particularmente. Ese día es
el Domingo. Es el día del Señor en el cual no tenemos que hacer lo que nos
plazca. En vez de eso, debemos llamar el día de reposo “delicia, santo,
glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni
buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras”(Isaías 58:13). Este día
nos es dado cada Domingo como un día en el cual podemos olvidarnos de los
cuidados de este mundo y concentrarnos en nuestra relación con nuestro
Salvador. Dios nos ha dado este día completo durante el cual somos libres para
servirle a El.
Aunque no conozcamos a otros del mismo pensar con
quienes podamos tener fraternidad, podemos comenzar pasando mucho tiempo leyendo
la Biblia. Inmediatamente estaremos teniendo compañerismo con Dios.
Además estamos teniendo fraternidad con todos aquellos de quienes leemos en la Biblia. Ellos son la grande nube de testigos de la cual leemos en Hebreos 12:1, el cual dice:
Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante
En un sentido real, un solo individuo
puede tener compañerismo con Dios mismo, así como con uno o con toda la nube
de testigos que la Biblia trae a nuestra atención. Desde luego, si -y cuando-
él encuentra a otros de la misma fe, la reunión puede ampliarse con compañeros
creyentes.
La noticia alegre y maravillosa es que en este tiempo,
cuando la Gran Tribulación está siendo experimentada en las iglesias, está
sucediendo una cosa grande y maravillosa fuera de las iglesias. También tenemos
tiempo suficiente para orar a nuestro Señor. Cuando leo la Biblia, Dios me está
hablando. Al orar, estoy hablando con Dios. Así en esta manera podemos tener un
intenso compañerismo con Dios.
Nuestro compañerismo puede ampliarse usando este día
para compartir el Evangelio con otros. En la mayoría de países del mundo un
creyente puede distribuir tratados en el mercado o en otros lugares donde están
presentes muchas personas. Family Radio puede proveer esos tratados en forma
gratuita. Están disponibles en muchos idiomas.
Entonces, también, el Domingo es un día cuando los
ancianos, los débiles, los enfermos, pueden visitarse y ser animados. Si una
prisión está cercana es posible ir a visitarla. Es día de escribirle a los
amigos para animarles. En otras palabras, el Domingo es un hermoso día que Dios
nos ha dado durante el cual podemos enfocarnos completamente en nuestra relación
con nuestro Señor, al tener comunión con nuestro Señor y compartir el
Evangelio con otros.
Si una persona tiene una familia, estas cosas pueden
hacerse con sus niños. Más adelante, quizá podríamos conocer a otra persona
de mente espiritual similar. Entonces el compañerismo crecería. La verdad
importante es que ninguno está en una situación donde no pueda obedecer el
mandato de no dejar de congregarnos en tanto que aquel día se acerca.
Ahora la gran pregunta. ¿Qué tenemos que hacer ahora que tenemos esta información acerca de la iglesia?
Si la era de la iglesia ha llegado a su
fin, ¿qué tenemos que hacer nosotros los creyentes que somos miembros de
iglesias?
La obediencia al mandato de Lucas 21:20-24 puede ser
llevada a cabo de varias maneras. Si una persona o familia son miembros de una
iglesia, ellos pueden retirar su membresía y tener compañerismo los Domingos
con quienquiera que sea del mismo pensar. Tal retiro puede iniciar un movimiento
de la iglesia de excomulgar. Para ese individuo, esto no es un trauma porque él
ha quedado convencido de que la era de la iglesia ha llegado a su fin y la
iglesia ya no tiene más ninguna autoridad divina.
Si el individuo o familia están solamente asistiendo a
una iglesia y no son miembros, pueden dejar de asistir a esa iglesia, pero
continuar teniendo fraternidad fuera de la iglesia con individuos de igual
pensar.
Si una congregación decide ser obediente a este
mandato, pueden reorganizar su congregación y de iglesia convertirla en una
fraternidad de creyentes. Los ancianos ya no serán ancianos. Los diáconos ya
no serán diáconos. El pastor ya no será pastor. En otras palabras, ningún
individuo tendrá gobierno espiritual sobre la congregación.
Aquellos miembros de esta congregación que estén en
desacuerdo con esta decisión de disolverse tendrían que hallar membresía en
otra congregación.
Desde luego que algo extraño está
sucediendo. Por una parte, vemos iglesias por todas partes volviéndose más y más
apóstatas. Y por la otra, vemos a un ministerio como el de Family Radio volviéndose
más y más útil para el Señor en la proclamación del verdadero Evangelio en
el mundo.
Prácticamente cada uno de nosotros, al mirar a la
iglesia que asistimos, y al mirar a las otras iglesias de nuestros días,
deploramos lo que estamos viendo. El servicio de adoración se ha vuelto cada
vez más un tiempo de entretenimiento. La predicación raras veces, si acaso,
advierte de la cercanía del día del juicio. Iglesia tras iglesia ponen de
relieve señales y prodigios. Poco o ningún dinero está disponible para el
trabajo misionero debido a obligaciones crecientes qué pagar, para edificios más
nuevos y refinados y salarios cada vez mayores de los pastores.
Quizá una de las experiencias más espantosas del
creyente verdadero dentro de esas iglesias es el rechazo que experimentará si
él contiende con fuerza por mayor pureza en la doctrina. En efecto, cualquier
creyente con mente espiritual debe admitir que algo drástico ha sucedido y está
sucediendo incluso en la más conservadora de las iglesias.
Cómo es posible entonces que un ministerio como Family Radio parezca estar siendo cada vez más bendecido al ser capaz de compartir el verdadero Evangelio con un cada vez más grande porcentaje de la población del mundo. Sí sabemos que hay muchas profecías en la Biblia que indican que a medida que la historia del mundo se acerca a su final, las congregaciones y denominaciones serán cada vez más apóstatas. Por ejemplo, hemos aprendido en este estudio que Apocalipsis 13 habla de un tiempo cuando Satanás, llamada la bestia que sale del mar, gobernará en las iglesias por medio de falsos evangelios. En este capítulo estas iglesias son llamadas un falso profeta que sale de la tierra. Estas iglesias se han vuelto totalmente apóstatas. El hecho es que, el versículo 7 advierte en forma amenazadora:
“Y se le permitió (a la bestia) hacer guerra contra los santos, y vencerlos ...”
Así mismo, hemos aprendido que en II
Tesalonicenses 2:1-10, Dios habla del hombre de pecado que solamente puede ser
Satanás, sentándose en el templo, es decir, él gobernará en las iglesias que
se han tornado apóstatas.
En Daniel 8:10-14, Dios habla de un tiempo cuando el
santuario y el ejército serán pisoteados por un período de 2300 días, y los
santos del Altísimo serán entregados en su mano. Todos estamos familiarizados
con la profecía de Mateo 24:24 que enseña que los falsos Cristos y falsos
profetas que traen señales y prodigios se levantarán para engañar aun a los
escogidos, si fuere posible.
En efecto, estos son sólo muestras de muchas profecías
semejantes en la Biblia que hemos estado examinando en este estudio. Quienes
amamos a nuestra iglesia por motivo de que esta ha sido tan grande consuelo para
nosotros en el pasado y aun en el presente hasta cierto punto, no estamos para
nada contentos de contemplar todas estas terribles predicciones. Nos sacuden
hasta el fondo de nuestro ser. Al mirar las congregaciones a las que asistimos
al presente, quisiéramos creer que estas profecías deben ser para otra época.
De seguro la situación presente no puede ser tan mala como lo anuncian esas
profecías.
Sin embargo, si somos verdaderamente sinceros con
nosotros mismos, y con la Palabra de Dios, sabemos que algo terrible está
sucediendo en las iglesias y congregaciones de nuestros días. Nadie
sinceramente puede decir que todo marcha bien en las congregaciones de hoy.
No obstante, parece haber una contradicción mayor entre
la predicción Bíblica de la expectación de una iglesia cada vez más muerta y
la realidad de una presentación robusta y saludable del Evangelio por medio de
una
Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. ?
Es cierto, por más de 1950 años,
Dios ha usado a las iglesias y congregaciones como Sus medios para lograr esta
meta. A pesar de las debilidades y faltas de la iglesia esta ha sido el
organismo divino empleado por Dios para representar y extender el reino de Dios
sobre esta tierra. Ciertamente, hay muchos capítulos gloriosos en la historia
de las iglesias cuando ellas fueron más o menos fieles a la gran comisión de
ir por todo el mundo con el Evangelio.
¿Pero, qué de ahora? ¿Cómo pueden las iglesias en su
decaimiento espiritual ministrar el verdadero Evangelio? Y aun si todas las
iglesias estuvieran vibrantes con el Evangelio, ¿cómo pueden ellas físicamente
ministrar a un mundo que cada hora es 10,000 almas más grande en población?
En efecto, debemos admitir realísticamente que las
iglesias de hoy no pueden por medio alguno cumplir el mandato de Cristo de ir a
todo el mundo con el Evangelio. El hecho es que, si sinceramente evaluamos la
totalidad del esfuerzo misionero que se basa en una representacion de todo el
consejo de Dios, tenemos que admitir que la situación es desesperada.
Pero no es imposible. Dios, hace casi unos 200 años,
anticipando la situación presente, comenzó a hacer algunos cambios drásticos
en el mundo.
Después de casi 13,000 años de historia, la humanidad
ha descubierto y comenzado a usar ondas de radio y todos los demás electrónicos.
¿Es la gente hoy más inteligente que lo que fue hace unos mil o diez mil años?
Sabemos que eso no puede ser. En cambio, es obvio que Dios detuvo estos
1. Apostasía tremenda en las congregaciones y denominaciones.
2. Explosión Demográfica.
3. Explosión del conocimiento electrónico, resultando en enormes avances en la comunicación en masa.
4. Bendición cada vez mayor viniendo sobre un ministerio tal como Family Radio al suministrar ésta el verdadero Evangelio en forma global.
El hecho es que la Biblia provee una síntesis maravillosa de estas cosas. Una vez que entendemos las enseñanzas Bíblicas sobre estos temas, deberíamos de comprender cuán armoniosos son todos estos fenómenos.
Uno podría hacerse la pregunta: ¿Cómo
va a funcionar esto si durante la lluvia tardía no hay supervisión espiritual
sobre quienes claman haber sido salvos? ¿Es este en verdad un plan realizable?
Dios nos da una respuesta muy interesante y
significativa a esta pregunta en Proverbios 6. En los versículos 6-8, Dios
manda:
Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento.
Si Dios puede gobernar a la humilde
hormiga que no tiene guía, supervisor, o gobernador, seguramente que El puede
gobernar sobre Sus hijos, quienes al momento de la salvación se les ha sido
dada una nueva alma resucitada en la cual ya nunca más querrán pecar y que son
habitados por el Espíritu Santo.
Tan sólo por el hecho de que durante la era de la
iglesia Dios utilizó seres humanos (pastores, ancianos, diáconos) para tener
vigilancia espiritual, no
significa que Dios no puede gobernar directamente prescindiendo de esa
vigilancia espiritual.
Además, debemos recordar que a través de toda la
historia, la mayoría de la gente del mundo era analfabeta, y las Biblias eran
relativamente escasas. Por lo tanto, un propósito muy práctico fue llevado a
cabo por los guías espirituales en la congregación que tenían que haber sido
hombres letrados y debían haber tenido acceso a una Biblia.
Hoy, la Biblia está cada vez más disponible en forma
impresa. Adicionalmente, su mensaje puede escucharse a nivel mundial por radio,
Internet, satélite, etcétera.
En cualquier caso, debemos recordar el principio
establecido en Filipenses 2:13:
Porque Dios es el que en vosotros (los verdaderos creyentes) produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.